La Teoría del Apego
Jan 05, 2026Cómo aprendiste a amar… y cómo eso sigue viviendo en ti
No llegamos al mundo sabiendo amar.
Aprendemos.
Aprendemos en los primeros vínculos,
en cómo fuimos mirados, sostenidos, calmados, esperados…
o en cómo tuvimos que adaptarnos para no perder el amor.
La Teoría del Apego, desarrollada por John Bowlby y ampliada por Mary Ainsworth, nos invita a mirar algo profundo y a la vez muy cotidiano:
la forma en que hoy te relacionas tiene raíces en cómo aprendiste a vincularte al inicio de la vida.
No para culpar.
No para quedarte en el pasado.
Sino para comprender desde dónde amas, te defiendes o te cierras.
El apego no es dependencia
Es seguridad interna
El apego habla de una necesidad básica:
saber que no estamos solos cuando lo necesitamos.
Cuando esa seguridad estuvo disponible:
- aprendimos a confiar
- a pedir ayuda
- a regularnos con otros
- a volver a nosotros mismos
Cuando no estuvo —o estuvo de forma impredecible—,
el cuerpo aprendió otras estrategias.

No son fallas.
Son adaptaciones inteligentes.
Apego seguro
Cuando el vínculo fue un refugio
Aquí, el cuerpo aprendió que el otro puede ser apoyo.
En la vida adulta:
- puedes estar en intimidad sin perderte
- puedes pedir y recibir
- confías sin dejar de ser tú
- sabes volver a la calma
No porque todo haya sido perfecto,
sino porque hubo suficiente disponibilidad emocional.
Preguntas para ti:
- ¿Te resulta natural apoyarte en otros?
- ¿Puedes estar cerca sin sentirte atrapado?
- ¿Cómo se siente la calma en tu cuerpo cuando alguien está presente?
Apego ansioso
Cuando amar fue temer perder
Aquí, el vínculo fue incierto: a veces estaba, a veces no.
En la vida adulta:
- buscas cercanía, pero con miedo
- dudas de tu valor
- necesitas señales constantes
- el abandono se siente muy cerca
No es exageración.
Es un sistema nervioso que aprendió que el amor no siempre permanece.
Preguntas para ti:
- ¿Cuánto de tu energía se va en asegurar el vínculo?
- ¿Qué temes que ocurra si dejas de insistir?
- ¿Puedes sentirte suficiente aun cuando el otro se aleja?
Apego evitativo
Cuando cerrarte fue más seguro que necesitar
Aquí, la cercanía no fue confiable o fue invasiva.
En la vida adulta:
- valoras la autonomía por sobre todo
- te cuesta pedir ayuda
- minimizas tus necesidades
- el amor se vive con distancia
No es frialdad.
Es protección.
Preguntas para ti:
- ¿Qué aprendiste sobre necesitar a otros?
- ¿Qué parte de ti se acostumbró a hacerlo todo solo?
- ¿Qué pasaría si alguien te sostuviera de verdad?
Apego desorganizado
Cuando el vínculo fue también amenaza
Aquí, la figura que debía cuidar generó miedo o confusión.
En la vida adulta:
- el deseo de cercanía y el miedo se mezclan
- hay contradicciones internas
- el cuerpo se desregula con facilidad
- el vínculo puede sentirse peligroso
No es incoherencia.
Es una historia que no tuvo un lugar seguro donde organizarse.
Preguntas para ti:
- ¿Qué te ocurre cuando alguien se acerca demasiado?
- ¿Qué partes tuyas se activan sin que lo decidas?
- ¿Qué necesitaría tu cuerpo para sentirse a salvo hoy?
El apego no es destino
Es mapa
Conocer tu estilo de apego no es encasillarte.
Es comprender el lenguaje con el que tu cuerpo aprendió a vincularse.
Y desde ahí, abrir nuevas experiencias.
La seguridad no se construye solo entendiendo,
sino viviendo vínculos distintos:
más presentes, más regulados, más humanos.
Una invitación final
Tal vez no se trata de cambiar tu forma de amar,
sino de comprenderla con más compasión.
Porque cuando el vínculo deja de ser amenaza,
el cuerpo se relaja,
la vida se abre
y amar deja de doler.
Sanar el apego no es dejar de necesitar,
es aprender a necesitar sin miedo.
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